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sábado, 2 de abril de 2011

PASIONAL

“No sabrás, nunca sabrás”, el ardor con que queman tus pupilas
Que se clavan en mí como dos dardos llegados casi de la nada
De un distancia hecha de siglos y de silentes filas,
de amores contrariados que me hunden el filo de una espada
en este corazón desprevenido, latiente y yugular y con conciencia
del raudo porvenir, la veloz vida, y la vana apariencia.

“Nunca sabrás” es un decir, lo sabes y lo vives también y estás atenta
Y te prodigas en mandarme claras, caudalosas y tiernas
tus muestras de cariño como joyas que hilvanaran sus cuentas
en un collar que comerá el olvido, ese gigante de titánicas piernas
que corre sin cesar entre nosotros como río incesante y numeroso
y nos lleva los cuerpos y las almas y el vivir memorioso.

2 comentarios:

  1. Pues esperemos que el olvido se demore en llegar y que permita un poco de felicidad donde tanta falta hace.

    Muy bello este poema, Amílcar querido, siento que la belleza de tus letras parte de un corazón noble y bondadoso, quizás enamorado.

    Un beso grande, poeta, Maestro, amigo.

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  2. Mayte, leé y escuchátelo leer, Garcilaso, Égloga III, fragmento:
    "Libre mi alma de su estrecha roca,
    por el estigio lago conducida,
    celebrándote irá y aquél sonido,
    hará parar las aguas del olvido.

    El poeta dedicó esta égloga a Isabel Freire, noble mujer de la que estaba y estuvo enamorado toda su vida. En la égloga la llama María y comienza: "Aquella voluntad honesta y pura..."etc., buscala y ponela en M y P. Chau, un beso.

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